La degradación sacerdotal de Miguel Hidalgo

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29 de Julio de 1811

Ese día se llevó a cabo el proceso de degradación sacerdotal de Miguel Hidalgo en el Hospital Real de Chihuahua, donde se encontraba prisionero. Sus compañeros de armas Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez habían encontrado su destino frente al pelotón de fusilamiento el 26 de Junio, pero el derecho canónico de la época prohibía terminantemente, bajo pena de excomunión, condenar a un miembro de la Iglesia Católica, por lo que el cura Miguel Hidalgo debía ser despojado de su carácter sacerdotal antes de ser ejecutado.
El proceso de degradación de un eclesiástico constaba de dos etapas: la degradación verbal que consistía en la pronunciación de la sentencia, y la degradación real, que era todo un ritual para despojar al condenado de los atributos otorgados al momento de la ordenación
La sentencia fue pronunciada el 27 de Julio por Francisco Fernández Valentín, canónigo doctoral de la catedral de Durango, quien así dijo de Hidalgo: “[Sus] crímenes son tan grandes, damnables [del latín damnabilis, digno de condenarse], perjudiciales y tan enormes y en alto grado atroces que de ellos resulta no solamente ofendida
gravísimamente la Majestad divina, sino trastornado todo el orden social, conmovidas muchas ciudades y pueblos con escándalo y detrimento universal de la Iglesia y de la Nación, haciendo por lo mismo indigno de todo beneficio y oficio eclesiástico”.
Dos días después, en uno de los corredores del Hospital Real lucía un improvisado altar sobre el que descansaba un crucifijo en medio de dos cirios encendidos. Cuatro sillones se encontraban detrás del altar desde donde Fernández Valentín, y sus tres asistentes presidirían la ceremonia. Al lado, los jueces civiles se encontraban de pie para atestiguar el terrible acto. El patio estaba abarrotado de curiosos.
El preso llegó flanqueado por guardias y cargado con grilletes que le fueron quitados para colocarle las prendas eclesiásticas. Hidalgo tomó un cáliz con un poco de vino y una patena con una hostia sin consagrar; luego, de rodillas se acercó a los pies del juez, quien lo despojó del sagrado cáliz y la patena (plato metálico donde se coloca la hostia), mientras pronunciaba las terribles palabras rituales de execración” Te arrancamos la potestad de sacrificar, consagrar y bendecir, que recibiste con la unción de las manos y los dedos”, al tiempo que con un cuchillo raspaba las palmas de sus manos y la yema de sus dedos.
Después, una a una las prendas eclesiásticas le fueron despojadas. Finalmente, se le cortó el cabello de la coronilla mientras el juez decía: “Te arrojamos de la suerte del señor, como hijo ingrato, y borramos de tu cabeza la corona, signo real del sacerdote, a causa de la maldad de tu conducta”.
Hidalgo estaba listo para enfrentar la justicia de los hombres.

TEXTO ORIGINAL:
LUIS ARTURO SALMERÓN / HISTORIADOR.
EDICIÓN:
JUÁN GILBERTO GARCÍA GONZÁLEZ / CRONISTA MUNICIPAL

ILUSTRACIÓN:
OBRA DE DAVID ALFARO SIQUEIROS.
EXCOMUNIÓN Y FUSILAMIENTO DE HIDALGO. VINELITA Y PIROXILINA SOBRE TELA. 1953. COLEGIO DE SAN NICOLÁS DE HIDALGO. MORELIA MICHOACÁN.